lunes, 5 de febrero de 2024

Arte y oficio de la Divulgación Científica

 Arte y oficio de la divulgación científica

En esta entrada del blog Buhografías del Unicornio sobre el ejercicio de la divulgación científica, se recogen cuatro columnas publicadas en el portal colombiano El Unicornio. Homenaje y memoria confluyen en un hilo que enlaza la experiencia del planetario, el pensamiento de Carl Sagan, el estilo de Lawrence Krauss y el Encuentro de los divulgadores colombianos en 2023.

 

Por Jorge Senior

Serie Buhografías

 

Contenido:

·         Locos demenciales y locos geniales

o   Publicada el 25 de mayo de 2020, el día en que el Planetario de Barranquilla (hoy Combarranquilla) cumplía 25 años de haber sido inaugurado. Un pequeño homenaje a esa obra que constituye mi legado a la ciudad de Barranquilla y la Región Caribe.

·         La filosofía humanista de Carl Sagan

o   Publicada el 3 de abril de 2021, en la cual se esboza una síntesis del pensamiento del gran divulgador; es una de las columnas más compartida y sintoniza con el lema Ciencia sin cosmovisión es como café sin cafeína.

·         El electrón cansado o la metáfora en la divulgación científica

o   Publicada el 5 de mayo de 2020; en ella se recrea el estilo literario del divulgador Lawrence Krauss. El lenguaje de la divulgación es el tema.

·         Divulgar ciencia: una vocación que cambia vidas

o   Publicada el 8 de diciembre de 2023 a manera de memoria personal del Encuentro Nacional de Divulgadores Científicos convocado por Minciencias y celebrado una semana antes en Bogotá



Locos demenciales y locos geniales

Publicada el 25 de mayo de 2020

 

“¡Usted es pura teoría y nada de práctica!” me espetó el  extraño sujeto en medio del público que abarrotaba el recién creado Planetario de Barranquilla hace 25 años.  Yo acaba de terminar una charla sobre la vida extraterrestre, apegado por supuesto al rigor científico de la astrobiología.  A renglón seguido el mismo individuo me hizo una invitación, que parecía más bien un desafío: acompañarlo a un encuentro cercano de tercer tipo con seres extraterrestres.  El convite implicaba viajar varias horas en campero 4X4, por territorio paramilitar, hasta una zona rural desconocida por los lados de la depresión momposina.  Sobra decir que me perdí semejante experiencia maravillosa con alienígenas camuflados y probablemente alienados.  Bueno, por algo estoy aquí echando el cuento.  O quizás sí era un fanático de la ufología, un hobby inocuo que enriquece a unos cuantos y entretiene a una minoría de ciudadanos, para quienes, quizás, la vida cotidiana no ofrece demasiados incentivos y sienten un incontenible apetito por lo extraordinario.  Sueñan con ser parte de una aventura hollywoodense y pasear como turistas de negro en el Área 51.

El Planetario de Barranquilla fue inaugurado el 25 de mayo de 1995, así que desde acá aprovecho para cantarle el japiverdi por cumplir ¼ de siglo.  Hoy sigue funcionando y puedo decir con orgullo que es nuestro legado a la ciudad gracias al apoyo infatigable de la Caja de Compensación Combarranquilla.  No es entonces un mal momento para conocer su interesante proceso que puedes leer aquí.  Es parte de la historia cultural de Barranquilla y de la historia de la astronomía en Colombia, pues allí nació la RAC (Red de Astronomía de Colombia) el 18 de agosto de 1997.

Durante los años en que fui su director tuve la oportunidad de escuchar a muchos “locos” -no sé si quitarle las comillas- con las más estrafalarias teorías.  Hubo uno que “demostró” que el número pi no era el irracional 3,14159etc que todos conocemos, sino la raíz cuadrada de 10.  Curiosamente, la Biblia comete un error parecido en 1 Reyes 7:23 con pi = 3 = raíz cuadrada de 9, pero se le perdona por ser antigua y elaborada por escribanos de un pueblo de pastores.  Al desarrollar nuestro amigo su “demostración” había un paso que era en realidad un salto maromero.  Con serenidad y paciencia, Solín, los allí presentes le explicamos el error, pero no hubo poder sobre la Tierra que lo convenciera.  Para él, nosotros y miles de matemáticos, millones de científicos y millardos de Homo Sapiens estábamos equivocados y sólo él había descubierto la verdad de lo que probablemente era un engaño intencional de superpoderosos en las sombras.  No lo convencerían ni siquiera los legisladores de Indiana, en Estados Unidos, que en 1897 trataron de imponer por ley que Pi era 3,2.  Y como suelo decir, al estilo de Estanislao Zuleta, que “la verdad no es democrática”, él astutamente tomaba mis palabras para usarlas a favor de su original descubrimiento.  Después supe que era judoka.

En otra ocasión, un señor de avanzada edad se me presentó con un “libro” de su autoría, que en realidad era un cuaderno de gran formato, cuidadosamente manuscrito y dotado de hermosos dibujos hechos con lápices de colores.  El libro contenía su profunda teoría del universo y resolvía los grandes misterios de la vida.  Usaba un método semejante a ciertos filósofos racionalistas: deducir la verdad a partir de grandes principios irrefutables e indemostrables, pero evidentes según ellos.  Como prueba de la seriedad de su teoría exhibía un certificado que demostraba que una copia de su libro reposaba en la biblioteca del congreso de los Estados Unidos.  De los dibujos recuerdo una mata de plátano.

 En el planetario hacíamos muchas actividades diversas, además de las funciones: concursos literarios, olimpiadas de astronomía, ferias de la ciencia y la creatividad, foros pedagógicos, cursos para niños, salidas de observación, eventos nacionales, muestras itinerantes, periodismo científico.  Pero lo que recuerdo con más cariño eran las tertulias científicas de los jueves, conferencias gratuitas multitudinarias, casi siempre salpicadas con los apuntes y gracejos del neurólogo Jorge Arregocés.  Los barranquilleros llenaban la sala hasta los topes con la mayor parte de la gente de pie, todo un fenómeno inusitado en Curramba la Bella, para que vean que no todo es carnaval. 

En varias ocasiones trajimos científicos colombianos de talla internacional como Sergio Torres Arzayús, quien hizo parte del proyecto COBE de la NASA que descubrió las anisotropías de la radiación cósmica de fondo, lo que mereció un premio Nobel a su director, George Smoot (quien por cierto menciona a Torres en su libro Arrugas en el tiempo donde narra esa hazaña).

Pues bien, uno de esos invitados especiales fue el ingeniero payanés Juan Pablo Negret, sobrino del famoso escultor Edgar Negret, y quien trabajaba en el Fermilab, el superacelerador de partículas subatómicas ubicado en las cercanías de Chicago, por los lados de Batavia.  Negret fue parte del proyecto que llevó al descubrimiento del Quark Top, que completó la base empírica del modelo estándar de la física cuántica.  Cuando estábamos cenando en el restaurante de Combarranquilla, le conté a Negret algunas de mis anécdotas con los “locos” que solían asistir al planetario.  Entonces me dijo unas palabras que quedaron grabadas en mi cerebro: “si esos locos se hubieran criado en otro contexto social, proclive a la ciencia, probablemente serían buenos científicos”.  Medité mucho esa idea. Colombia tiene talentos, pero los desperdicia, los malcría, los frustra, los enloquece. #literal.

En Colombia hay que crear uno, dos, tres, muchos centros de divulgación como este epicentro de la cultura científica que nació en el barrio Boston de La Arenosa, hace 25 años, donde quedaba Carlos Dieppa y compañía en la avenida 20 de Julio.  Para que nuestros locos geniales no se vuelvan locos demenciales, como decía mi primo Rodolfo.  Para que nuestros niños y niñas no crean que el máximo sueño es ser un Pibe Valderrama o una Shakira, y aprendan que también pueden ser un Torres, Negret, Llinás o, ¿por qué no?, una Goodall, un Feynman, Turing o un Einstein tropical.     

 

 

La filosofía humanista de Carl Sagan

Publicada el 3 de abril de 2021

 

Es satisfactorio observar que muchos jóvenes conocen y admiran a Carl Sagan, el gran divulgador científico que falleció en 1996.  Los que tenemos edad suficiente para haber visto Cosmos en los años ochenta no podemos olvidar el impacto que nos causó y cómo luego nos llevó a leer sus libros, entre los cuales se destaca, a mi parecer, El mundo y sus demonios.  En especial esa parte donde narra la historia de “un dragón en el garaje”.  Gente de todas las edades ha visto Contacto, la película protagonizada por Jodie Foster, basada en la novela del mismo nombre.  Una parte del film fue rodada en el Observatorio de Arecibo, tristemente destruido el año pasado por la desidia anticiencia del gobierno Trump.  En la última década se han emitido dos secuelas de Cosmos con Neil DeGrasse Tyson y la producción de Ann Druyan.

Sin duda, Sagan fue un destacado astrónomo y quizás el más importante divulgador de la ciencia en el siglo XX.  ¿Pero podríamos considerarlo un filósofo?  Desde luego que el newyorkino no encaja en las características del típico filósofo profesional.  Sin embargo, como el propio Sagan nos recuerda, “la ciencia es más que un simple conjunto de conocimientos, es una manera de pensar”.  Es difícil exagerar la profundidad y certeza de esta afirmación que debería ser la columna vertebral de la educación.  Y nuestro divulgador estrella se caracterizaba precisamente por enseñar toda una cosmovisión moderna a través de su obra escrita y audiovisual, acorde a la ciencia actual.

La filosofía de Carl Sagan es naturalista, humanista, escéptica y romántica.  Creo que se podría resumir en 6 puntos.

1. Somos una especie exploradora, esa es nuestra naturaleza, producto de la evolución. La ciencia es la forma cumbre de la exploración y junto con la tecnología nos lleva a nuevas fronteras.

2. Somos una especie curiosa. La ciencia es aventura del conocimiento, no debe ser una actividad mercenaria.  Pero la ciencia pura o básica, finalmente puede llegar a ser ciencia aplicada, práctica y útil.

3. Nuestro cerebro, capaz de reconocer patrones, de simular la realidad, de anticipar el futuro, de resolver problemas y de adaptar la naturaleza a la especie, es nuestra arma o herramienta por antonomasia.  El pensamiento científico es pensamiento crítico y se fundamenta en lógica y evidencia.  De aquí se desprende la actitud escéptica bien dosificada y sus conclusiones: no hay dios, sobrenaturaleza, ni padre protector; no hay “más allá”, ni cielo, ni infierno, ni alma, ni espíritu. Todos son "dragones en el garaje".

4. Estamos librados a nuestras propias fuerzas, como adultos (esto guarda similitud con la mayoría de edad de Kant, pues Sagan es también un ilustrado).  El peligro de extinción es real. El equilibrio dinámico del Sistema Tierra es relativamente estable, pero existen amenazas y la más peligrosa es antropogénica (el propio ser humano).  La responsabilidad de nuestra especie para mantener ese equilibrio dinámico de la vida es un imperativo condicional de supervivencia.

5. Es preciso democratizar la ciencia, el conocimiento, el pensamiento crítico, mediante la educación en su más amplio sentido, para poder estar a la altura de tamaña responsabilidad y tomar como humanidad las decisiones correctas.  Educación, ciencia, conocimiento son "una luz en la oscuridad".

6. Principio cosmológico: no somos nada especial en la naturaleza.  El universo es indiferente a las necesidades y deseos humanos.  El cosmos probablemente está pletórico de vida y, por ende, es probable que exista vida inteligente en muchas partes del universo (algunas no lo suficiente para evitar la extinción). Cosmopolitismo cósmico: necesitamos contactar a otras civilizaciones que puedan existir (proyecto SETI).

Por mi parte no soy tan optimista sobre la profusión de vida extraterrestre inteligente, pero coincido con su visión que encaja perfecto en lo que se conoce como humanismo secular.  El humanismo es una sublime filosofía de vida para adultos no infantilizados, apropiada para un universo sin dioses, capaz de fundamentar la moral social en una época de cambio climático, disrupción tecnológica y neoliberalismo implacable.

El humanismo tiene raíces filosóficas profundas pues viene desde la Grecia clásica, el Renacimiento y el siglo de la luces.  El humanismo secular actual es expuesto por Mario Bunge en el primer capítulo de Crisis y reconstrucción de la filosofía y por Steven Pinker en el último capítulo de En defensa de la Ilustración.  La declaración humanista de 1980 puede leerse aquí.

La más reciente declaración humanista resume esta visión en seis tesis. (a) El conocimiento del mundo se deriva de la observación, la experimentación y el análisis racional. (b) Los humanos son una parte integral de la naturaleza, el resultado de un cambio evolutivo no guiado. (c) Los valores éticos se derivan de la necesidad y el interés humano, como se ha comprobado por la experiencia. (d) La realización de la vida surge de la participación individual al servicio de los ideales humanos. (e) Los humanos son sociales por naturaleza y encuentran significado en las relaciones. (f) Trabajar para beneficiar a la sociedad maximiza la felicidad individual.

 

 

El electrón cansado o la metáfora en la divulgación científica

Publicada el 5 de mayo de 2020

 

Una posible manera  de definir lo que significa comprender algo es: “volver familiar lo desconocido”.  Al menos, cuando eso se logra, dá la sensación de que comprendemos, aunque strictu sensu es apenas una aproximación.  Quizás por eso en el lenguaje de la divulgación científica se utiliza mucho la analogía, el simil, la comparación, la metáfora.

Un caso ejemplar es el astrofísico y cosmólogo norteamericano Lawrence Maxwell Krauss, que en su libro Atom del año 2001 (en español Historia de un átomo, Laetoli, 2005) hace un notable uso de ese recurso retórico.

En la página 77 trae un párrafo de ocho renglones que incluye las siguientes palabras, en ese orden: vida, destino, infierno, desesperados, cocción, vacaciones.  ¡Alto! Deténgase aquí y piense por un momento, ¿de qué pueda estar hablando el autor en este párrafo?

Este ejercicio lo ofrecí en varios sitios de facebook, sin mencionar el libro ni el autor, y dio lugar a una serie de respuestas que en el juego de “frío, frío, caliente, caliente” tendrían la apariencia de un témpano.  Todo el mundo helado.

El tema era el Big Bang, quién lo creyera.  Y en el párrafo había otras palabras como: protones, neutrones, partículas, átomo, oxígeno, universo, nuclear, minutos, segundos, período.  A diferencia de la primera lista, aquí podemos reconocer conceptos científicos precisos.

La “vida” a que hacía referencia es la “vida del universo” y el “destino” se refiere a la evolución del universo. El “infierno” es el propio Big Bang por su alta temperatura. La “cocción” atañe a las reacciones nucleares y las “vacaciones” a un período más calmado o menos energético que sobrevino después de los “desesperados” primeros minutos.  Se construye así una narración que combina lo familiar y cotidiano con una terminología científica para describir de una manera atractiva un proceso en curso.  Sin embargo, en este caso no hay una analogía general del fenómeno a la manera de una imagen metafórica, sino una serie de pequeñas metáforas que salpican el texto con su condimento.

Para no dejarlos con la curiosidad y que puedan apreciar la sazón literaria de Krauss, éste es el párrafo:

“Fueran protones o neutrones en sus inicios, hoy podemos identificar las 16 partículas de nuestro átomo de oxígeno con partículas concretas, sin relación entre ellas, existentes en el universo cuando éste tenía unos pocos minutos de vida y a las que sólo el destino conectó más adelante.  Dado el intenso infierno de los primeros segundos, seguidos de los desesperados minutos de cocción nuclear, de la que se salvaron algunas partículas mientras otras se perdían para siempre, el período que siguió podría parecer unas vacaciones increíblemente largas.”

Por cierto, esas “vacaciones increíblemente largas” se abordan en el siguiente capítulo, titulado Cien millones de años de soledad.  ¿Les suena?

El párrafo en mención y todo el libro está narrado como una historia de aventuras donde el protagonista es un átomo individual de oxígeno y los 16 hadrones que constituyen su núcleo.  Primo Levi, el famoso escritor judío superviviente del holocausto, hizo un ejercicio parecido con un átomo de carbono en su libro El sistema periódico publicado en 1975. 

Toda la obra se basa en una idea ontológica equivocada: suponer que las partículas, sean subatómicas o átomos, tienen identidad, algo que no es consistente con la física cuántica.  Pero podemos suponer que es una licencia literaria para desarrollar el truco mayor: hacer una exposición de tipo narrativo y no descripciones analíticas que pueden resultar aburridas o muy abstractas a muchos lectores del gran público.  Es un truco que tiene un fundamento psicológico si lo que se quiere es llegar a una vasta audiencia.

En las páginas 230 y 231 hay otro párrafo que contiene las siguientes palabras: violenta, despreocupada, valioso, acompañantes, niños, madre, esclavizados, campos de trabajo, cuerda de presos, bombean, aguijonean, parientes.  Y en el siguiente aparecen expresiones como “trabajador explotado” e “inmigrantes”.   Y otra vez, ¿de qué estará hablando?

Pues bien, los niños separados de su madre, esclavizados en campos de trabajo y moviéndose en una hilera de presos son… ¡los electrones!  Son ellos los que aguijonean a sus parientes, que no son otros que… los protones.  Y el trabajador explotado e inmigrante es… el átomo de oxígeno.  La despreocupada y violenta es una señora reacción química y el valioso es el doctor hidrógeno.  El tema, entonces, no es una historia de la antigua Roma sino la fotosíntesis.  ¿Quo vadis, oxígeno?

Cuando Krauss asegura que “la respiración es cosa de expertos” se refiere a las bacterias no a los yoguis y para mostrar el estado químico de reducción en que se encontraba la Tierra hace más de dos mil millones de años, anuncia que “el planeta entero pedía a gritos ser oxidado”.  El sistema solar se formó en un disco de acreción acumulativo que lleva a nuestro autor a sentenciar: “Los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen, lo mismo en los cielos que en la Tierra”.  La pluma del astrofísico se deleita contando uno de los acontecimientos más poderosos del universo, el estallido de una supernova: “la mayor parte del resto de la estrella permanece felizmente ignorante de lo que ha ocurrido; al igual que el coyote, el personaje de dibujos animados que permanece suspendido en el aire después de andar o saltar un acantilado, el resto de la estrella todavía no sabe que tiene que derrumbarse.  Y lo cierto es que nunca lo sabrá.”

El estilo de Krauss me recuerda una frase del gran bioquímico húngaro Albert Szent-Gyorgy  que cita Nick Lane en La cuestión vital: “la vida no es más que un electrón buscando dónde descansar”.  Por cierto, tal frase fue utilizada por el poeta mexicano Edgar Artaud Jarry (pseudónimo del más prosaico Edgar Altamirano) para titular uno de sus libros de poesía de la corriente infrarrealista.  ¡Vaya! He aquí a la flamante poesía copiando a la humilde ciencia.  Por eso les digo a mis amigos poetas: ¡que no te cojan con el electrón cansado!

Concluyo señalando que la divulgación científica o popularización de la ciencia es un puente con un pilar en la vida cotidiana y su lengua coloquial y el otro pie en el terreno riguroso de la ciencia.  Constituye, sin duda, un legítimo “juego de lenguaje” en el sentido del filósofo e ingeniero austríaco Ludwig Wittgenstein y un exquisito género literario que los ministerios y burócratas de la cultura desconocen por completo.

No puedo despedir esta columna sin agradecer a mi amigo Hugo González que un día, antes de abandonar para siempre al espacio-tiempo, la materia y la energía, compró el libro de Lawrence Krauss en una librería de Barranquilla sin imaginar que yo habría de heredarlo para viajar al espacio en una cuarentena e hilvanar una columna en el año de la peste.

 

 

Divulgar ciencia: una vocación que cambia vidas

Publicada el 8 de diciembre de 2023

 

Imagínese que usted es un niño campesino y andando por la vereda encuentra unas piedras extrañas que se convierten en su juguete preferido, hasta que un buen día descubre que son los juguetes más valiosos del mundo: nada menos que fósiles marinos del período devónico. Estamos hablando de 400 millones de años atrás. La vida, con sus avatares, termina convirtiéndolo en líder de un proyecto fantástico: convertir a su pequeño municipio en patrimonio de la humanidad y espectacular destino de turismo ecológico y cultural, gracias a la riqueza del territorio en fósiles, restos arqueológicos precolombinos, paisajes, gastronomía, artesanías, flora, fauna y hasta meteoritos. Esa es la historia de Don Luis Becerra, que en Floresta, Boyacá, construyó el Museo de la Vida, epicentro de muchas dinámicas de divulgación científica, festivales, muralismo, producción artesanal. Ahora la propuesta es hacer un ecogeoparque para llevar la economía turística al siguiente nivel y brindar lo mejor al visitante. Yo no sé usted, estimado lector, pero yo sí pienso ir a conocerlo algún día.

Historias de vida como la de Don Luis hay muchas en Colombia y tuve oportunidad de admirar algunas la semana pasada gracias a la invitación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para asistir al Encuentro Nacional de Divulgadores Científicos, primero de una serie que ya tiene programado el Gobierno del Cambio. Elisa Chaparro y su equipo de Minciencias fueron los exquisitos anfitriones.

Por ejemplo, conocí una ingeniera que enseña robótica a niños especiales en Pasto, un profesor que no enseña sino que aprende astronomía con niños indígenas en Leticia, una chica que promueve “ciencia pa’l pueblo” (ese es su lema) desde el Guaviare hasta el Catatumbo, un “cerebrote” que a través de Youtube enseña a miles de sus colegas docentes a usar herramientas informáticas, un loco que obtuvo más visualizaciones que la NASA con sus videos de experimentos porque un día se le ocurrió elevar un globo con cámara a la estratósfera para fotografiar la curva del globo terráqueo. He ahí la creatividad del colombiano en todo su esplendor.

Decía Carl Sagan que cuando uno está enamorado quiere contárselo a todo el mundo. Para señalar enseguida que tal es la pasión del divulgador científico, enamorado de la ciencia: compartir con todos la emoción de asombrarse ante las maravillas del universo y atisbar la hazaña mayor que es la gran aventura del conocimiento humano.

De Tumaco hasta La Guajira, desde el Chocó hasta Barrancabermeja, de la Tatacoa hasta la tierra de la Titanoboa y el Perijasaurus, de Cali a Barranquilla, es increíble la cantidad de personas y colectivos organizados que hacen (hacemos, porque debo incluirme) divulgación de la física y la astronomía, la educación ambiental y la biología, la paleontología y la geología y así toda la gama de las ciencias naturales y sociales. Ni las matemáticas ni las neurociencias se salvan. Y en mi caso, meto hasta la filosofía, porque ciencia sin cosmovisión es como café sin cafeína.

Unos hacen su trabajo de popularización de la ciencia en las comunidades, directo con la gente, en los territorios. Otros colonizan las redes sociales o lanzan podcasts para llegarle al público hispanoparlante global, ya sea desde la identidad regional o en lengua universal. Y aunque llegan a todas las edades, no hay duda que los niños son el público preferido.

Algunas universidades como Eafit, CES, El Bosque, la Nacho, los Andes, la Gran Colombia (que fue sede del evento), hacen comunicación pública de la ciencia, difundiendo sus resultados de investigación no sólo a pares sino al público abierto. Es una lástima que Aupec de mi querida Univalle ya no exista.

Y están también los que hacen periodismo científico en medios de comunicación. Por ejemplo, Ximena Serrano, actual directora de la ACPC, que es la Asociación Colombiana de Periodismo Científico, estuvo presente en un panel junto a Ángela Bonilla, de larga trayectoria en Colciencias impulsando Publindex, la base de datos de las revistas científicas colombianas.

Además de planetarios, zoológicos y jardines botánicos, Colombia tiene también importantes centros de divulgación científica como Maloka en Bogotá, el Parque Explora en Medellín y el que se está construyendo en Cali bajo la administración de Jorge Iván Ospina. Barranquilla, que es puro cemento, por ahora tiene que conformarse con el Planetario privado que un grupo de ciudadanos fundamos hace 28 años con el apoyo clave de una caja de compensación.

Entre las muchas iniciativas que se despliegan en todos los departamentos, además de las ya mencionadas, están las siguientes: La mecedora de Darwin, Encefalina, Entrespecies, Geófila, Divulga Colombia, fundación Stellam, Ciencia Sumercé, Aurora, Ciencia Tropical, Fractales, ScienCES, El Microscopio podcast, Cinde. Muchos jóvenes entusiastas y algunos veteranos como Germán Puerta o el suscrito que llevamos décadas en esta gesta persistente. Y por supuesto, debo mencionar a mis cómplices de la astronomía: Apolinauta, Astrofanáticos, ACDA, Asasac, Asafi, Rato Astronómico, Astro-Sagan, Urania-Skorpius, Mitote y decenas de grupos que pertenecemos a la Red de Astronomía de Colombia (RAC) que nació junto al mar, en Solinilla-Salgar-Puerto Colombia, el 18 de agosto de 1997.

Siguiendo los pasos de la RAC y de Divulga Colombia, ahora estamos en el proceso de enredarnos, es decir, crear la red de divulgadores que le imprima sinergia y escale nuestro accionar comunicativo para democratizar la ciencia en el país de la belleza y potenciar la cultura científica. Ya nos reconocemos y conectamos. Coincidimos en que la experiencia más hermosa es cuando nos encontramos con alguien que nos recuerda que alguna vez impactamos en su ser y transformamos su proyecto de vida. Así es esta maravillosa labor que, a veces, raya en lo quijotesco y enfrenta en el día a día el duro reto de la sostenibilidad.

Enhorabuena por Minciencias que en buena hora convocó a estas iniciativas variopintas para la apropiación social de la ciencia. Ojalá RTVC se ponga en sintonía con el ministerio para que Colombia sea potencia mundial de la vida y del conocimiento.

 

 Jorge Senior

 

 

 

 

 

domingo, 4 de febrero de 2024

Divulgación científica: Cuatro historias de la ciencia

 Cuatro historias de la ciencia

En esta entrada del blog Buhografías del Unicornio presentamos cuatro ejemplos de divulgación científica publicados originalmente en el portal colombiano El Unicornio. Desde la medicina hasta la física de partículas y la astronomía recorremos la ciencia de los siglos XX y XXI, mostrando aspectos asombrosos de su gesta. Y no sólo la ciencia; también el arte y la tecnología hacen presencia desde una mirada crítica sobre los mitos que se crean en el mundo hiperconectado en que vivimos. Colombia no podía estar ausente.

 

Por Jorge Senior

Serie Buhografías

 

Contenido:

·         La increíble historia de Henrietta Lacks

o   Publicada el 12 de agosto de 2020; estábamos en pandemia y la historia de la medicina era muy pertinente. Este artículo ha sido utilizado como lectura en Facultades de Ciencia de la Salud.

·         Diez años del bosón de Higgs

o   Publicada el 4 de julio de 2022, justo al cumplirse 10 años del anuncio público del descubrimiento; con este homenaje celebramos el aniversario.

·         Tesla, Frida, Hawking: tres personajes sobrevalorados

o   Publicada el 9 de enero de 2022 y de nuevo en enero de 2024; una mirada crítica al despliegue mediático y en redes de estos tres personajes, al tiempo que se esboza un hipótesis que explicaría sus mitificaciones. Es una de las columnas más polemizada y más veces compartida.

·         Homenaje sin flores para Adriana Ocampo

o   Publicada el 8 de marzo de 2022, día internacional de la mujer; homenaje a una mujer científica colombiana de trayectoria mundial.

 

La increíble historia de Henrietta Lacks

Publicada el 12 de agosto de 2020

 

En este anómalo agosto, Henrietta Lacks cumplió 100 años.  Como el gato de Schrödinger, ella está viva y muerta.  Una parte de ella murió en 1951.  Otra parte de ella es inmortal y pesa actualmente varias toneladas.  Su yo inmortal fue el asesino de su yo mortal.  Hela ahí: ese yo inmortal y asesino es un hito de la medicina y hoy ayuda a salvar vidas.  Su yo mortal nunca imaginó el final de esta increíble historia.  Ni el más imaginativo de los escritores pudo vislumbrar semejante destino para un simple mortal.

Todo comenzó en febrero de 1951 cuando a Loretta Pleasant, una joven de 30 años, le diagnosticaron cáncer cervical en el hospital John Hopkins en Baltimore.  Era una mujer pobre, de raza negra, con 5 hijos, el último de los cuales había nacido pocos meses antes en ese mismo hospital.  Cuando se casó con su primo David Lacks nueve años antes, tomó su apellido, pero ni siquiera sus descendientes saben cómo o por qué cambió su nombre a Henrietta. 

El médico Howard Jones decidió hacer una biopsia, tomó muestras de células del tumor para diagnosticarlo y les pasó algunas a investigadores del mismo instituto. Uno de ellos era el ginécologo Richard TeLinde, quien investigaba sobre cáncer cervical, y los otros dos eran una pareja casada, George y Margaret Gey, quienes llevaban años trabajando en cultivos celulares in vitro, intentando que células humanas perduraran largo tiempo fuera del cuerpo de origen.  En su laboratorio el matrimonio Gey creó las condiciones para la reproducción por mitosis de las células tumorosas de Henrietta, quien no tenía la menor idea del asunto, pues en aquella época el consentimiento informado no era práctica habitual, ni había un protocolo bioético que obligara a dar tal información al paciente.  Para sorpresa de los investigadores estas células resultaron dotadas de un superpoder: reproducirse indefinidamente, más allá del límite de Hayflick que marca la muerte programada por apoptosis a las celulas ordinarias del ser humano y de muchas otras especies. ¡Las agresivas células cancerosas de Henrietta eran inmortales! 

Pero Henrietta nunca lo supo.  Ella no era inmortal.  El 4 de octubre de 1951 falleció por causa de ese tumor inmortal.  Sólo 20 años después, casi de casualidad, su familia se enteró de que una parte de Henrietta, precisamente la que causó su muerte, aún vívía.  Y no sólo eso, la reproducción de esas células, llamadas HeLa por el nombre de la paciente fallecida, había escalado a niveles industriales, distribuyéndose por innumerables laboratorios de todo el mundo debido a sus propiedades especiales y su inmensa utilidad para la investigación biomédica.  Las células HeLa, por ejemplo, contribuyeron a la investigación de Jonas Salk que llevó a la exitosísima vacuna contra la poliomelitis.  Muchos descubrimientos médicos, y hasta algunos premios Nobel, se han derivado de investigaciones realizadas con esas células letales y maravillosas.  Es el caso de Elizabeth Blackburn, Carol Greider y Jack Szostak que en 2009 ganaron el Nobel por su trabajo sobre la enzima telomerasa, que repara los telómeros de los cromosomas y es clave en la juventud eterna de las células HeLa.  Se calcula que se han realizado unos 74.000 experimentos con las células descendientes de Henrietta, que algunos clasifican como no humanas, pues son mutantes con 80 cromosomas.  Aquí en Colombia también se utilizan.

Dos temáticas se abren a partir de esta historia.  Una es la deliberación bioética que se derivó de este caso y el perfeccionamiento consecuente de los protocolos.  Sin embargo, no se puede desconocer que los inmensos beneficios para la humanidad obtenidos de las investigaciones con esta línea celular inmortal, superan cualquier derecho individual de corte liberal.  El Bien común prima sobre el interés particular.  Por ello, actualmente en muchos países todos somos donantes por defecto, mientras no digamos lo contrario.  En Colombia, la ley 1805 de 2016 establece en su artículo 3 que “se presume que se es donante cuando una persona durante su vida se ha abstenido de ejercer el derecho que tiene a oponerse a que de su cuerpo se extraigan órganos, tejidos o componentes anatómicos después de su fallecirniento”.

El otro tema, de mayor importancia, es el renacimiento del milenario sueño de la especie humana de alcanzar la inmortalidad, ya no por magia sino por ciencia y tecnología.  Entiéndase por inmortalidad, en este contexto biológico, la detención del envejecimiento, no la indestructibilidad.  Durante el 80% de los 4 mil millones de años de historia de la vida, la muerte por envejecimiento o muerte programada no existía.  Este “invento” reciente de la evolución es concomitante con otra novedad: la reproducción sexual de organismos pluricelulares.  Sexo y muerte son dos caras de la misma moneda evolutiva.  Sin embargo, hay especies animales que no tienen ese mecanismo llamado “muerte” en su ciclo vital, como la hydra, por ejemplo. ¿Podremos los seres humanos prescindir de la muerte senil algún día?  La respuesta parece ser afirmativa y no muy lejana.  Una posibilidad sería con células madres y epigenética para lograr la regeneración de tejidos y órganos. 

Si el siglo XX fue el siglo de la física, ahora estamos en el de la biología y la medicina se encuentra al borde de una revolución científica.

 

 

10 años del bosón de Higgs

Publicada el 4 de julio de 2022

 

El 4 de julio de 2012 se produjo un anuncio que fue noticia de primera plana en los principales medios informativos del mundo: el tan esperado hallazgo del bosón de Higgs se había producido.  Esta hazaña, que costó miles de millones de dólares y el esfuerzo de un gigantesco ejército de ingenieros y físicos, culminó con éxito una búsqueda que duró casi medio siglo, desde su predicción teórica.  En esta columna trataré de contar a grandes rasgos la historia de esta aventura.

De niño solía salir al patio de tierra detrás de la casa armado con un pequeño imán.  Procedía a frotar el imán contra la tierra para que se le pegaran limaduras de hierro que luego depositaba en una hoja de papel blanco.  Moviendo el imán debajo de la hoja observaba extasiado como se movían mágicamente las limaduras formando diversas figuras. 

Casi siglo y medio antes, con un truco similar el autodidacta Michael Faraday había descubierto lo que llamó “líneas de fuerza” y con ese fundamento observable elaboró un concepto intuitivo de “campo” que luego Maxwell matematizó.  Hoy por hoy, si usted, amable lector, le pregunta a un físico de qué está hecho el mundo, la respuesta ya no es “de átomos”. No, señor.  El científico le dirá: “el universo está hecho de campos”.  Pero estos campos fundamentales no son aquellos de tipo clásico del siglo XIX, sino que son campos cuánticos.

En efecto, de acuerdo a nuestro actual conocimiento teórico y experimental, la realidad física -la única que existe- está constituída por 37 campos cuánticos y un solo campo clásico (el espacio-tiempo).  Sin embargo, sabemos que a escala cosmológica hay fenómenos físicos que quedan por fuera de nuestro conocimiento actual, por lo que hay dos frentes de investigación que podrían llevar a una nueva física: el de la materia oscura y el de la energía oscura, temas para otra ocasión.     

La física cuántica es el área de la ciencia que nos da, entonces, la explicación más profunda y exacta sobre los constituyentes básicos de la realidad que nos rodea, si dejamos aparte el espacio y el tiempo que por ahora son explicados por la Teoría General de la Relatividad de Einstein.  En esta década se cumplen varios centenarios de los hitos que sentaron los pilares de la mecánica cuántica en los fabulosos años 20 del siglo pasado. 

Posteriormente, durante los años cuarenta, se desarrolló la electrodinámica cuántica (EDC), una teoría cuántica de campos  que es la más exacta que ha producido la mente humana.  Servía para entender los fenómenos electromagnéticos y fue clave para el desarrollo de la industria electrónica. Con ella los físicos comprendieron que la simetría es el principio explicativo de las leyes de conservación que juegan un papel central en la teorización de la naturaleza, tal y como ya había cimentado en un teorema la matemática Emmy Noether en 1918.

Por esa época los físicos ya habían partido el núcleo atómico y el proyecto Manhattan había inaugurado la Era Nuclear creando el arma más poderosa jamás desarrollada por la especie humana.  Pero el núcleo atómico resultó ser un objeto complejo que no se comprendía a fondo.  Por ejemplo, los protones y neutrones que integraban los núcleos no eran partículas elementales y encerraban un misterio.  Los físicos intentaron replicar el éxito de la EDC y armados de sofisticadas matemáticas buscaron una teoría cuántica de campos que diera cuenta de las interacciones nucleares (que son de dos tipos: fuerte y débil).  Al mismo tiempo la física experimental en los aceleradores de partículas y en los rayos cósmicos venía encontrando una asombrosa diversidad de partículas, una fauna difícil de explicar.

Durante la segunda mitad del siglo XX se resolvió el gran misterio (o casi) hasta llegar a la síntesis que se conoce como Modelo Estándar y sus pruebas experimentales. Primero se postularon los quarks como partículas elementales que integraban a ciertas partículas compuestas, como por ejemplo los protones y neutrones.  Por esa vía se desarrolló la cromodinámica cuántica (CDC), una teoría cuántica de campos que permitía explicar las interacciones nucleares fuertes.  Con la interacción nuclear débil sucedió algo aún más maravilloso: su solución a través de la teoría electrodébil (TED) unificó dicha interacción con la electromagnética en un mismo marco explicativo.

El llamado Modelo Estándar de la física de partículas viene a ser como una síntesis de la EDC, la TED y la CDC, las tres teorías cuánticas de campos ya mencionadas.  Al fin y al cabo, una partícula elemental no es más que una manifestación particular de un campo cuántico. En términos de partículas elementales, éstas se clasifican en fermiones y bosones.  Los bosones son los que juegan el papel de intermediarios en las interacciones fundamentales: los fotones en las interacciones electromagnéticas, los bosones W y Z en las interacciones nucleares débiles y los gluones en las interacciones nucleares fuertes. 

Pero este modelo tenía una pata coja: hacía falta explicar la masa como propiedad de ciertas partículas elementales.  Es ahí donde se postula un mecanismo que brinda una solución a través de un nuevo campo cuántico: el campo de Higgs o bosón de Higgs. Un nombre un poco injusto ya que Peter Higgs no fue el único autor, pues fue un aporte colectivo.  El propio Peter a veces habla del “mecanismo ABEGHHK’tH”, una sigla que recoge las iniciales de los principales aportantes al perfeccionamiento de la hipótesis. 

En los últimos 20 años del siglo XX se logró la confirmación experimental del Modelo Estándar. Un científico colombiano, Juan Pablo Negret, hizo parte de esos desarrollos, concretamente en el descubrimiento del quark Top en el Fermi Lab de Chicago.  Lo único que faltaba por probar era la existencia del bosón de Higgs, algo sólo posible en el LHC, una supermáquina subterránea ubicada en Suiza para acelerar protones hasta casi la velocidad de la luz y hacerlos chocar.  La expectativa era inmensa.  El anuncio de hace 10 años significaba que la mesa ya no tenía la pata coja: ¡la magnífica teoría se había salvado!     

 

 

 

Tesla, Frida y Hawking: tres personajes sobrevalorados

Publicada el 9 de enero de 2022 y de nuevo en enero de 2024

 

Podría usar una lista más larga, pero he escogido estos tres personajes del título para mostrar un punto sobre idolatrías mediáticas y modas.  Sin duda, Nikola Tesla, Frida Kahlo y Stephen Hawking fueron tres talentosos individuos.  En vida tuvieron múltiples reconocimientos: Tesla ganó la Medalla Edison en 1916 y durante décadas fue el showman favorito de los periódicos de la época con sus espectáculos; Frida fue una pintora mexicana que trascendió fronteras hasta el punto de exponer primero en Norteamérica y Europa que en México; y Hawking fue un bestseller con sus libros de divulgación que lo convirtieron en el científico más famoso del momento en la vuelta de siglo y milenio. Los tres se han convertido en íconos en la era de las redes sociales y, de hecho, son auténticos memes que se viralizan en las mentes juveniles.  Los adolescentes y estudiantes de carreras técnicas adoran a Tesla, las feministas adoran a Frida y los nerds adoran a Hawking. 

Se podría pensar que si de ídolos juveniles se trata, más vale que lo sean un inventor, una verdadera artista y un científico teórico, en vez de los reguetoneros, futbolistas e influencers que cautivan a las masas en niveles aún mayores.  Al menos aquellos estimulan talentos en ingeniería, arte y ciencia, mientras que estos lo que incentivan es la alienación.  El problema es que la idolatría es siempre una lente que distorsiona la realidad.  Y los ídolos suelen tener pies de barro. 

Sostengo que Frida Kahlo dista mucho de ser una Van Gogh o una Leonarda da Vinci en la historia del arte; que Stephen Hawking no le da ni por los tobillos a Einstein o a Newton, quienes protagonizaron asombrosas revoluciones científicas; y que Nikola Tesla no inventó ni la mitad de las cosas que se le atribuyen y no es ni la sombra de la leyenda urbana en que se ha convertido a punta de memes y videos de YouTube fabricados por teslalovers. 

Afirmar las tres tesis anteriores no implica desconocer el talento y realizaciones de cada uno, sino simplemente ponerlos en el lugar merecido, ponderar con la máxima objetividad posible su talla histórica, y desmitificar al ser humano sin el deslumbramiento de las falsas aureolas.  Mejor si se levantan chispas ante tamaño atrevimiento.

No es casualidad que los tres hayan tenido películas comerciales o se hayan convertido en marcas de grandes ventas, desde artesanías y libros hasta carros eléctricos.  Monumentos y atractivos turísticos hacen gravitar a sus admiradores por miles. Los tres mitos cohabitan en el reino del merchandising.

Exceptuando a Hawking, los otros dos han sido instrumentalizados políticamente por grupos interesados, como si Frida hubiese sido un modelo de heroína feminista o Tesla un paladín anticapitalista.  Nada más lejos de la realidad.  Dudo que la patética relación de Frida y Diego sea consistente con ideales feministas por más que Salma Hayek endulce la píldora.  Que Tesla, aliado de magnates como Westinghouse y Morgan, haya sido un soñador estrafalario y mal negociante no lo convierte en socialista, ni mucho menos en un lúcido líder político que nunca fue ni de cerca.   

No obstante, que estas tres figuras hayan sido infladas más allá de su talento y mérito real no es mero artificio de medios y redes.  Y aquí viene mi hipótesis: hay una razón psicológica que atrae en estos tres personajes y se puede palpar en sus biografías.  Los tres están marcados por el sufrimiento y la tragedia, sus vidas se salen de lo ordinario, bordean la locura, la enfermedad y la muerte.  En últimas son tres héroes trágicos, que no encajan en la sociedad, enfrentados a un mundo que trata de aplastarlos y que finalmente los derrota, pero no sin antes dejar la semilla del mito sembrada para que sus fans del siglo XXI la cosechen.

En Frida es muy clara la inseparabilidad de vida y obra.  Su pintura no resalta por sus cualidades técnicas ni su virtuosidad pictórica sino por la intensidad y fuerza del dolor auténtico que en ella se expresa.  Su obra se alimenta enteramente de su emocionante biografía y como en el ideal romántico rousseauniano expresa el verdadero ser interior.  Si se examina la secuencia de precios de sus cuadros se observa una progresión geométrica, una valoración que crece exponencialmente desde los años 90 en correspondencia con su construcción ascendente como ícono.  Tal revaloración estratosférica no deja de ser una ironía post-mortem para la defensora del arte popular.

Stephen Hawking es un científico como muchos otros, pero su enfermedad lo catapultó a la fama y la supo aprovechar.  Jacob Beckenstein tiene méritos similares a Hawking, pero, ¿quién lo conoce? Cuando murió, el 3-14 de 2018, lo compararon sin más con gigantes del panteón científico que dejaron huellas mucho más profundas en la historia de la ciencia.  En ese momento escribí un obituario en contravía en un diario de mi ciudad (ver aquí), pero creo que me quedé corto.  Convertido en estrella, la marca Hawking empezó a producir superventas editoriales de divulgación científica, libros que brindan una imagen distorsionada de la ciencia y que denigran de la filosofía, poniendo a su autor en ridículo ante sus pares. Sus entrevistas y pronunciamientos desafortunados sobre lo divino y lo humano reforzaron a sus críticos, como el astrofísico y filósofo Gustavo Romero, quien ha acusado a Hawking de convertir la cosmología en un circo (ver aquí).

Nikola Tesla (ver biografía) tenía una mente prodigiosa pero padecía desde joven un trastorno obsesivo compulsivo.  Su ingenio inventivo predominó en su juventud y obtuvo cientos de patentes, aunque pocas aplicaciones rentables.  Pero en la segunda mitad de sus 87 años de vida, desvarió, su mente se descarriló.  Proyectos descabellados lo llevaron a la ruina, perdió la confianza de los inversionistas, y se hundió en ideas especulativas y locuras esotéricas. Nunca entendió las maravillosas revoluciones de la física que sucedieron en su época: la relatividad y la cuántica.  Al final, el balance es paradójico: fue un gran inventor, pero pésimo científico.

Como rezan los memes antidevotos: ¡se tenía que decir y se dijo!

 

 

 

Un homenaje sin flores para Adriana Ocampo

Publicada el 8 de marzo de 2022


En agosto de 1910 se desarrolló en Copenhague la segunda conferencia de la Internacional de Mujeres Socialistas con el liderazgo de Clara Zetkin.  En los años 70 la ONU aprobó el 8 de marzo como “día internacional de la mujer”, retomando la iniciativa que Zetkin y sus compañeras aprobaron en ese evento de 1910 para conmemorar cada 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Más allá de las contradicciones en torno a la historia concreta del incendio de una fábrica con saldo trágico de obreras fallecidas, lo cierto es que la fecha surge de las luchas sindicales, democráticas y socialistas de comienzos del siglo XX.  Es un día de lucha reivindicativa, pero se ha convertido en las oficinas de las empresas e instituciones en un día banal de felicitaciones y flores, una especie de ‘día de la secretaria’ ampliado a otros oficios.

Un tanto menos banal es la nueva costumbre de utilizar la fecha para premiar a mujeres que se han destacado en algún campo.  Actualmente hay premios a tutiplén y uno de ellos se lo inventó hace poco el canal gringo de televisión Lifetime, quienes crearon el “Latin America Lifetime Awards” (LALA).  El premio en sí me tiene sin cuidado, pero al menos debo reconocer que acertaron al otorgar el LALA 2022 a la barranquillera Adriana Ocampo, probablemente la colombiana más destacada de la NASA.  Para ella éste es simplemente un premio más para su colección.

Adriana nació en el Caribe colombiano en 1955, pero muy pronto sus padres se trasladaron a Argentina, de ahí que su acento al hablar español sea rioplatense.  Ya en la adolescencia migraron a California y casi enseguida Adriana se puso a hacer prácticas en el JPL (Jet Propulsion Laboratory).  El JPL es un famoso instituto de investigación y desarrollo gestionado por Caltech y adscrito y financiado por la NASA, dedicado a la exploración robótica del Sistema Solar, con tanto éxito que actualmente tiene en curso 40 misiones interplanetarias. No sorprende entonces que Adriana terminara estudiando geología planetaria o planetología, una de las cinco grandes ramas de la astronomía (las otras 4 son: cosmología, astrofísica, mecánica celeste y astrometría). Pregrado y maestría los hizo en California State University (CSU) y el doctorado en la Universidad de Amsterdam.

Con ciudadanía estadounidense desde 1980, la barranquillera se vinculó de lleno al JPL donde ha desarrollado casi toda su carrera.  Ha trabajado en posiciones de liderazgo en muchas misiones históricas de la NASA: Voyager (desde que era apenas una novata), Viking (Marte y sus lunas), la malograda Mars Observer, las exitosas Galileo y Juno (Júpiter y sus lunas), Venus Express (misión conjunta con la Agencia Espacial Europea ESA), New Horizon (Plutón), Osiris-Rex (llegó al asteroide Bennu y regresará a la Tierra en septiembre de 2023 con muestras) y la misión Lucy que partió hace poco, en octubre de 2021, a estudiar los asteroides troyanos de Júpiter.  Actualmente es la Science Program Manager de la NASA, nada menos que la líder ejecutiva del programa científico.

Adriana Ocampo ha explorado buena parte del Sistema Solar pero, como si eso fuera poco, tiene importantes logros en el estudio del planeta Tierra, especialmente en lo relacionado con los cráteres de impacto producidos por grandes meteoritos.  Su investigación más importante ha sido la del cráter Chicxulub (descubierto por una exploración petrolera en 1981) ubicado en la península de Yucatán.  Fueron ella y su exmarido Kevin Pope, quienes descubrieron que ese cráter era el causado por el meteorito que llevó a la extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años, corroborando así la tesis de Luis y Walter Álvarez.  Primero identificaron unos cenotes en imágenes satelitales que asociaron al cráter y luego realizaron seis expediciones a México y Belize en los años 90 para estudiar sobre el terreno los rastros de las eyecciones del impacto.  Este trabajo le sirvió para tesis, artículo en Nature (1991), edición de libro y muchas publicaciones más, catapultándola a la fama. 

Semejante descubrimiento le otorga a Adriana Ocampo un sitio en la historia de la ciencia, algo mucho más importante que un premio. Notable aporte para lo que se ha llamado Big History, que no es otra cosa sino la historia del universo narrada por la ciencia actual y que constituye la cosmovisión científica de la naturaleza, un saber que increiblemente no se enseña en los colegios y universidades de Latinoamérica.   

Adriana también participó en el descubrimiento de otro cráter de impacto en Chad, África, producido hace 360 millones de años por un meteorito no tan grande como el de Yucatán.  Y falta lo mejor: ¡un descubrimiento en Colombia! 

En el mundo hay 190 cráteres de impacto confirmados (a fecha 2017), pero apenas 9 son en el continente suramericano (recuérdese que Norteamérica es otro continente cuando la perspectiva es de millones de años).  Pues bien, en 2017 Adriana y otros científicos (entre ellos tres colombianos, uno de los cuales –A.García- era profesor de la Universidad Libre y del grupo de astronomía Antares de Cali) publicaron en Lunar and Planetary Science (XLVIII) un artículo sobre un importante hallazgo.  Habían identificado un gigantesco cráter de impacto en el Valle del río Cauca con 36 kilómetros de diámetro máximo y más de tres millones de años de antigüedad.

El centro del cráter está cerca a Puerto Tejada, hacia el norte alcanza a llegar a Candelaria y de este a oeste se localiza entre Jamundí y Miranda, mientras que hacia el sur no alcanza a llegar hasta Santander de Quilichao.  No toca a Cali pero quedó reseñado como “el cráter de Cali”.  Espectacular hallazgo que le permitió a Adriana retribuir con ciencia a su país de origen, como lo ha hecho también en divulgación.  En 1996 la contactamos por primera vez desde el Planetario de Barranquilla, con la intención de invitarla.  Pero como vimos, en esos años estaba bien sumergida en la investigación de Chicxulub y la tesis. No fue sino hasta el siglo XXI que Adriana regresó a su tierra y pudo conocer su ciudad natal.  Grande, Adriana.

 

Jorge Senior

 

 

viernes, 2 de febrero de 2024

Periodismo científico con visión crítica: noticias de 2023

 NOTICIAS CIENTÍFICAS DEL 2023

En esta entrada del blog Buhografías del Unicornio se recopilan cuatro columnas de periodismo científico serio publicadas en el portal colombiano El Unicornio en el año 2023. Predomina la crítica al periodismo científico inserio.

 

Por Jorge Senior

Serie Buhografías

 

Contenido:

·         Sexo, mentiras y Big Bang

o   Publicada el 29 de mayo de 2023; en esta columna hay crítica al periodismo científico, pues muestra como se propaga una mentira con ayuda de los medios de comunicación.

·         La guerra fría EEUU vs. China llega hasta los confines del universo

o   Publicada el 6 de julio de 2023; un extraordinario descubrimiento sobre ondas gravitacionales en el contexto de la competencia entre dos potencias

·         Noticias científicas: profusas, confusas y difusas

o   Publicada el 17 de septiembre de 2023; nueva crítica al mal periodismo científico con múltiples ejemplos, en especial del periódico El Tiempo.

·         ¿Señales de vida extraterrestre?

o   Publicada el 21 de septiembre de 2021; se refiere a la astrobiología y la búsqueda de una segunda biosfera con diversos métodos.

 

 

Sexo, mentiras y Big Bang

Publicada el 29 de mayo de 2023


“Todo lo que diga podrá ser usado en su contra”. Esta advertencia de película policial gringa tendrá que ser tenida muy en cuenta por los investigadores científicos. Tal es la lección que tuvo que aprender en carne propia la astrofísica Allison Kirkpatrick de la Universidad de Kansas, hace pocos meses.

Ponerse a pensar en asuntos laborales cuando uno tiene insomnio es un grave error, pero es mucho peor contarlo a los cuatro vientos. En una publicación de Nature sobre su investigación con el telescopio espacial James Webb (JWST), Allison confesó  que “a veces me despierto a las tres de la mañana y me pongo a pensar si todo lo que he hecho está equivocado”. Esa nota apareció el 27 de julio de 2022 y unos quince días después una amiga la alertó sobre una noticia que estaba circulando en algunos medios. Se decía que las observaciones realizadas con el JWST sobre galaxías muy distantes, refutaban el Big Bang, algo inaudito como se verá más adelante. Y mencionaban su ‘confesión’ a Nature como muestra de que los científicos habían entrado en pánico ante el “desmoronamiento de la teoría del big bang”. Todo resultaba tan absurdo e increíble que Allison no se preocupó, pero la bola siguió escalando y pronto ocupó hasta la gran prensa.

Allison Kirkpatrick había subestimado la credulidad del público y sobreestimado la capacidad crítica del periodismo. Si hasta la negación de la redondez de nuestro planeta, algo muy fácil de comprobar, moviliza montones de crédulos, ¿cómo no otros temas más complejos? En estos tiempos de fake news, pseudociencias, pseudoteorías conspiranoicas y negacionismos anticiencia, la verdadera ingenua era ella. Hoy por hoy cualquier patraña puede ser creída por millones, como vimos en la pandemia con el lucrativo bulo de la “plandemia” (ver aquí lo que escribí en 2020). No olvidemos que la humanidad ha sido entrenada durante siglos por las diferentes religiones para creer en fantasías y leyendas.

Para no ir más lejos, el pasado 26 de mayo el periódico bogotano El Tiempo, publicó sin avergonzarse, una noticia que titulaba “Día sin sombra: ¿en qué consiste fenómeno que dejará a oscuras a país de Latinoamérica?” La nota, firmada por Valeria Castro Valencia, se refería al día cenital, un fenómeno común que sucede dos veces al año en la zona intertropical cuando el Sol está en el cenit a mediodía para una determinada latitud, por lo cual en ese instante nuestra sombra está bajo nuestros pies debido a la iluminación vertical. Se le denomina el “mediodía sin sombra”. La periodista Castro, a pesar de entrevistar a expertos que dieron explicaciones correctas, se inventó un título terrorífico y una introducción absurda especulando gratuitamente sobre una oscuridad en todo un país durante todo un día. ¿A cuento de qué habla de “tinieblas” y llama “extraño” a un fenómeno tan simple? ¿pretendía crear pánico para llamar la atención y atraer lectores?

No me extraña que El Tiempo acolite tales muestras de pésimo periodismo, pues el viejo periódico de la dinastía Santos, ahora bajo el poderío de Luis Carlos Sarmiento Angulo, se ha vuelto extremadamente amarillista y publica en línea cualquier tontería estrafalaria y llamativa sin importar que sea verdad o mentira. Pobres lectores de semejante pasquín. Si usted, estimado lector, quiere comparar, lea esta nota sobre el día cenital en Barranquilla que escribí en 2021 para Noticias Coopercom por invitación de Gustavo Bossio. Hoy por hoy los medios alternativos le damos cátedra de buen periodismo a los tradicionales medios masivos de comunicación, ellos sí enloquecidos de pánico ante la pérdida de poder originada en el auge de las redes sociales.

Dejemos las mentiras de El Tiempo y volvamos a las falsedades internacionales sobre el big bang. El rastreo de lo sucedido muestra que el epicentro de la mentira fue el negacionista del big bang, Eric Lerner. Un científico del estilo de Luc Montagnier y Kary Mullis, que convierten sus disparates en fuente de lucro inventando conspiraciones y persecusiones, jugando al victimismo. Son como influencers negativos, habladores de paja rentable. El sujeto tiró el anzuelo y la prensa picó, pues todo lo espectacular vende.

La realidad prosaica es que los resultados del JWST detectando galaxias en el espacio profundo, muestran datos que, como es usual en ciencia, sorprenden y excitan al debate, obligando a los científicos (como Allison) a ajustar los modelos. En este caso, se trata de los incipientes modelos de formación de galaxias unos 200 millones de años después del big bang. Es justo lo que esperábamos del JWST, como dijimos en una columna cuando este costoso aparato fue lanzado al espacio. Para eso se envió, para que produjera datos que permitan conocer mejor el universo temprano justo después de la llamada “edad oscura”. Pero por ninguna parte tales resultados pueden cuestionar un hecho indiscutible como el inicio de la expansión del cosmos desde un estado de altísima temperatura y densidad, que es lo que apodamos “big bang”.

El Big Bang no fue una “explosión”, eso es sólo una analogía, y tampoco es una teoría como se suele decir. Es la etiqueta para una familia de modelos sobre el origen de la expansión cósmica, los cuales se apoyan en teorías de tres campos de la física: relatividad, cuántica y termodinámica (teorías que tienen un sustento experimental muy fuerte). Esos modelos cosmológicos compiten entre sí, pero comparten aspectos fundamentales que ya se encuentran más allá de toda duda y constituyen conocimiento sólido. Las evidencias experimentales directas son: la expansión (descubierta hace casi un siglo), la composición química del universo con predominio de Hidrógeno y Helio, y la radiación cósmica de fondo, descubierta hace casi 60 años y que ha sido y sigue siendo estudiada minuciosamente.

¿Y el sexo?, preguntará el lector impaciente: ¡el título prometía sexo! Esa palabra en el título es un clickbait, un anzuelo para captar lectores (lo siento). Quise ejemplificarlo, porque los medios de comunicación viven una epidemia de clickbaits que tergiversan cualquier noticia con tal de darle espectacularidad. Por ejemplo, el 23 de mayo, El País de España titula un artículo: “Según la teoría del big bang no deberíamos existir”, para hablar de un tema viejísimo: la asimetría de materia y antimateria. Si esa es la prensa dizque seria, ¿cómo será la inseria?

 

 

La guerra fría EEUU vs. China llega hasta los confines del universo

Publicada el 6 de julio de 2023


Desde comienzos de la semana pasada se anunció en medios norteamericanos que el jueves 29 de junio se haría pública una noticia científica extraordinaria.  Y en efecto así fue: Daniel Reardon, su equipo del NANOgrav y aliados, publicaron en el Astrophysical Journal Letter un paquete de siete artículos exponiendo el fascinante hallazgo de un eco de fondo de ondas gravitacionales de muy baja frecuencia, un descubrimiento que recuerda la hazaña de Penzias y Wilson en 1964 al detectar casualmente la radiación cósmica de fondo de microondas -la prueba definitiva del Big Bang- lo que les mereció el premio Nobel.

Quizás en esta ocasión las implicaciones no sean tan revolucionarias –por ahora- pero el grado de dificultad tecnológica es astronómicamente superior.

Las ondas gravitacionales son perturbaciones del propio tejido del espacio-tiempo que Einstein predijo en 1916 y que sólo un siglo después, en septiembre de 2015, pudieron ser detectadas por LIGO, un par de gigantescos dispositivos ultrasensibles de interferometría láser localizados en dos extremos de Estados Unidos.

Pero en el caso de LIGO y otras detecciones posteriores en los últimos años, las ondas provenían de colisiones específicas en cada caso y venían por tanto de una dirección determinada, de tal modo que se podían localizar los masivos objetos que se fusionaron violentamente, ya fuesen agujetos negros o estrellas neutrón.

En contraste, la detección anunciada la semana pasada es completamente diferente en método, tecnología y resultado. Para empezar, el verdadero “detector” de las ondas no está en la Tierra y tiene el tamaño de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Asombroso, ¿no es verdad?  La estrategia es muy ingeniosa y consiste en utilizar púlsares a lo largo y ancho de la galaxia.  Los púlsares son estrellas neutrón que giran muy rápidamente como un trompo y botan un chorro de fotones por los polos, y si el chorro apunta hacia la Tierra en algún instante de su giro, se detecta como un pulso de luz de suma precisión en los radiotelescopios terrestres. Para la investigación utilizaron púlsares con cadencia de 30 milisegundos. Algunos de esos púlsares están en pareja, formando un sistema binario. Se organiza entonces una configuración de púlsares binarios y ahí viene lo duro. El trabajo que sigue es muy dispendioso, toca acumular datos durante años y luego se realiza un procesamiento estadístico extremadamente complicado, pues hay que eliminar todos los ruidos para determinar ínfimas modulaciones que eventualmente sean consistentes con las predicciones teóricas.

El resultado fue la detección de ondas gravitacionales muy tenues que recorren el cosmos en todas direcciones. Advirtamos, puesto que se trata de estadística, que la probabilidad de un falso positivo es ligeramente superior a uno en diez mil. Se supone que el origen de esas perturbaciones del espacio-tiempo son sistemas binarios de superagujeros negros con las masa de millones de soles que suelen encontrarse en la zona central de las galaxias activas y que eventualmente se fusionan. Sin embargo, aún quedan preguntas por resolver y la investigación sigue su curso.

Al que no quiere caldo se le dan dos tazas, dice el adagio. En este caso sí que queremos el delicioso caldo cosmológico, pero de todos modos la segunda taza salió publicada al día siguiente de la primera, de manera sorpresiva. Un equipo que integra a todos los observatorios de China, liderados por el FAST, que es el radiotelescopio más grande del mundo, publicó en la revista en línea Research in Astronomy and Astrophysics los resultados de una investigación similar. En este caso monitorearon púlsares con cadencia de 57 milisegundos durante 41 meses y también detectaron ondas gravitacionales de baja frecuencia, del orden de nanohercios. Aquí la probabilidad de falso positivo es de dos en un millón.

En el plano científico a mí me deja la esperanza de que este método de detección logre pronto la mayor de todas las hazañas: detectar las ondas gravitacionales primordiales originadas en el primer segundo del Big Bang. ¡En el primer segundo! Hasta ahora del Big Bang sólo podemos percibir directamente la radiación cósmica de fondo de microondas que proviene de la época en que se formaron los primeros átomos de Hidrógeno, Helio y trazas de Litio y Berilio, esto es, 380.000 años después del inicio de la expansión del universo. Con la luz no podemos ver más atrás. Pero con las ondas gravitacionales podríamos llegar hasta el propio estartazo universal.

En el plano geopolítico éste fue otro capítulo de la intensa competencia entre China y Estados Unidos por la supremacía científica y tecnológica, íntimamente ligada a la supremacía económica. Una competencia que abarca la inteligencia artificial, la conectividad 5G, la computación cuántica, la fusión nuclear en frío, la ingeniería genética, la carrera espacial y, como acabamos de ver, la exploración de las profundidades del universo observable.

Colofón. Durante décadas el Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, fue el radiotelescopio más grande del mundo con 305 metros. La política anticiencia de la Administración Trump llevó a su ignominioso derrumbe en 2020, tal y como lo narramos en esta columna. Mientras tanto, China construía el FAST de 500 metros de diámetro. En Estados Unidos la ciencia está bajo ataque ideológico por los dos flancos. En China la conducción del Partido Comunista tiene perfectamente clara la importancia estratégica de la ciencia y la tecnología. No me cabe duda que el gigante asiático asumirá el liderazgo mundial en las próximas décadas.

 

 

Noticias científicas: profusas, confusas y difusas

Publicada el 17 de septiembre de 2023

 

La profusión de noticias científicas (o supuestamente científicas) inunda los medios y las redes por doquier. Eso debería ser un buen signo. Aparentemente, esa disparada que se ha pegado el cubrimiento de la novedad científica debería producir ciudadanos más y mejor informados. Y la cultura científica masiva debería estar brillando en todo su esplendor. Lamentablemente el efecto real parece ser todo lo contrario.

En medio de toda esta barahunda noticientífica que viene sobre todo desde los días de la pandemia, lo que ha resultado es que la ciencia se ha visto golpeada en su imagen, al ser distorsionada su percepción y horadado su prestigio por la pésima gestión de la información que hacen los medios de comunicación en competencia con las redes sociales en el nivel más bajo imaginable. Así como lo está leyendo, estimado lector, sostengo que el periodismo está perjudicando a la ciencia y, por tanto, a la sociedad que hoy depende tanto de ella. 

La masificación de Internet cambió las reglas de juego del periodismo. La prensa de papel solía tener en cada país los inevitables tabloides amarillistas, pero antetodo poseían un predominante sector de periodismo serio y prestigioso que cuidaba con celo su credibilidad. El periodismo amarillista no se basaba en la verdad ni en la credibilidad, sino en el morbo, el entretenimiento y la espectacularidad. El surgimiento de las redes sociales y los smartphones de bolsillo generaron un omnipresente mercado de la atención, objeto de una competencia desenfrenada por los clicks, los likes y los “vistos”. La vieja prensa se vio en peligro de extinción y se adaptó al nuevo juego, a costa de mandar para el carajo la seriedad y la credibilidad de otrora. Los grandes medios montaron versiones digitales parcialmente gratuitas, pero saturadas de avisos publicitarios que asaltan al lector, y se entregaron por completo al amarillismo sin tapujos.

En ese contexto las noticias relacionadas con la ciencia, ligadas a lo extraordinario por su naturaleza, resultaron ser una cantera fácil para crear clickbaits (títulos mentirosos que actúan como anzuelos) y convertir lo serio en un número de circo apetitoso para la galería. Lo importante es atrapar lectores, generar comentarios y reacciones cuantificables para vender publicidad, que es la médula del negocio.

Una vez se genera esa dinámica, las propias fuentes de información entran en el juego. Cuando no es que los medios se dejan instrumentalizar por los estafadores, especialistas en descrestar al público y vivir del cuento, entonces se trata de las propias instituciones supuestamente serias que igual buscan ser centro de atención y sacar provecho del rating. Así vemos en estos días el tremendo despliegue sobre ovnis y extraterrestres producido por un revoltijo de protagonistas que mezcla en santa alianza a personajes estrafalarios, negociantes de la mentira, con la NASA, el Congreso de Estados Unidos y el de México. Todos a una, como en Fuenteovejuna, creando falsas expectativas sobre supuestas “pruebas” de visitantes extraterrestres, tan burdos como los meñequitos de las películas “Hombres de negro”. Información confusa y difusa que circula de manera profusa, para beneplácito de toda la industria de la información y la desinformación.

O vayamos a un ejemplo cercano. El periódico El Tiempo se supone que es el medio escrito más importante de Colombia. En la reciente encuesta no aleatoria de Cifras y conceptos aparece como el medio escrito más consultado por los “líderes de opinión”.  Sin embargo, El Tiempo viene cayendo en barrena, principalmente en su versión digital gratuita, publicando todo tipo de “información” basura donde se mezcla lo sobrenatural o mágico con lo que se supone es científico.

Por ejemplo, le dan gran despliegue a las “superlunas” azules, rojas, amarillas, verdes y todavía le falta la luna fucsia. En el origen de la noticia hay un evento astronómico común, pero educar sobre eso no les interesa. Y posiblemente a la masa que los lee tampoco le interesa aprender. Entonces implementan el truco de convertir un evento anodino en algo supuestamente espectacular, con fantásticas connotaciones mágicas y que se presta para rituales de sanación, buena suerte o lo que sea.       

El 6 de septiembre El Tiempo anunció que “científicos descubren planeta similar a la Tierra escondido en el Sistema Solar”. ¡Mentira! No se trataba de un descubrimiento sino de una hipótesis basada en simulaciones de computador. Poco antes, el 31 de agosto, anunciaron que “científicos revelan que el objeto interestelar del Pacífico tiene material extrasolar”. El asunto da un poco de risa, porque es de Perogrullo que si de verdad es “interestelar” entonces debe tener “material extrasolar”. La realidad de la noticia es mucho más parca y vieja. El supuesto objeto no es tal, sino un meteoro detectado en 2014 con una velocidad tan alta que sugiere que podría ser de origen interestelar. Pero nunca se ha encontrado el objeto que El Tiempo asegura puede “cambiar la vida en la Tierra” (dicho en otro artículo el 12 de agosto). Un famoso científico descrestador aprovechó el dato para desplegar una espectacular expedición con bombos y platillos (no voladores) y ahora dice haber encontrado unas esférulas (bolitas) con una combinación de metales poco frecuente que, según él, serían de fuera del Sistema Solar. Y en medio de la perorata suelta frases que inducen a pensar que no sólo son “extrasolares” sino además artificiales, o sea de tecnología alienígena de película. Este mismo científico aparece en otras historietas de extraterrestres. El Tiempo traga entero.

El 16 de agosto El Tiempo titula: “Científicos encuentran partícula del demonio”, pero no se trataba propiamente de una partícula y lo del “demonio” fue un apodo de cuando fue teorizada y ahora cae perfecto para vender publicidad. Y así se la pasan, buscando el lado inserio a lo serio, pues es lo inserio lo que vende. Desafortunadamente esto no es problema exclusivo de El Tiempo, sino una epidemia de amarillismo que se ha apoderado del periodismo científico para mal de la ciencia.

Otras noticias serias han sido mal manejadas, como la de los científicos que “detuvieron la luz”, la del núcleo terrestre que reversó su rotación (falso, es una tergiversación), los rayos gamma del Sol, el muón g-2, superconductores a temperatura ambiente, la duplicación de la edad del universo o la que expliqué más a fondo en la columna Sexo, mentiras y Big Bang.

 

 

¿Señales de vida extraterrestre?

Publicada el 21 de septiembre de 2023

 

La más extraordinaria noticia científica de todos los tiempos se dará el día en que se descubra alguna forma de vida fuera del planeta Tierra. El fascinante tema de la vida extraterrestre se puede estudiar científicamente, a diferencia de lo que hacen los “ufólogos”, que son simples estafadores, como el señor Maussan que convirtió la Cámara de Diputados de México en el hazmerreír del mundo hace pocos días.

La astrobiología es la ciencia que estudia la posible vida fuera de la Tierra y constituye el puente hacia lo que podría llamarse “biología universal”. Por ahora la biología es una ciencia parroquial o doméstica, por decirlo así, pues su campo de estudio es un caso único: la biosfera terrestre y sus 4 millardos de años de historia. Para universalizar la biología el primer paso sería descubrir otra vida en nuestro Sistema Solar, puesto que entonces se podrían estudiar muestras. Y el segundo paso, que quizás podría suceder antes que el primero, es descubrir señales de vida en exoplanetas, que es como se denominan los planetas de otros sistemas solares. Y la buena noticia, amigo lector, es que quizás ya se descubrió la primera señal de vida, pero eso se los comento más adelante.

Primero hablemos de nuestro Sistema Solar. En este vecindario celeste hay varios candidatos a albergar formas de vida. Está el planeta Marte, por supuesto, el más parecido a la Tierra, donde hubo ríos y océanos de agua líquida en otras épocas. El planeta rojo ha sido explorado en las últimas décadas con satélites, rovers con brazos excavadores y hasta con un pequeño helicóptero llamado Ingenuity.   Hasta ahora todo es promesa. La vida marciana, si es que la hay, no está a flor de piel.

El otro vecino es Venus, aparentemente más inhóspito que Marte, por su alta temperatura producida por un efecto invernadero intenso en su densa atmósfera. Sin embargo, es precisamente en su atmósfera donde un equipo de astrónomos utilizando los telescopios ALMA en Chile y el James Maxwell en Hawái, informó en 2020 haber detectado fosfina, que en la Tierra es producida por microbios anaeróbicos. Una de las líneas de investigación de la astrobiología es  el estudio de bacterias extremófilas, capaces de sobrevivir en ambientes extremos. Sirve para tener en cuenta la más amplia gama de ambientes donde puede haber vida. Y la fosfina se detectó en una zona no tan caliente de la atmósfera venusiana, así que el hallazgo parecía prometedor.  Cualquier molécula que sólo pueda ser producida por procesos biológicos se considera un biomarcador o biofirma. Y cuando hablamos de señales de vida nos referimos precisamente a la detección de biomarcadores. Ese era el caso de la fosfina. Entonces se puso en juego una característica de la ciencia: la replicabilidad. Distintos grupos de investigadores intentaron replicar la detección de fosfina en Venus y el resultado fue negativo. El notición de posible vida en Venus se desinfló, resultó ser un falso positivo.

Otros lugares que podrían ser aptos para la vida son los océanos bajo hielo de Europa, una luna de Júpiter, o en los satélites de Saturno, Titán y Encelado. De seguro estos sitios serán explorados en el segundo cuarto del siglo XXI.

El otro frente de búsqueda es mucho más lejano, pero con más opciones: los planetas que orbitan otras estrellas en nuestra región de la galaxia. Desde 1995 se han descubierto más de 5.500 planetas extrasolares utilizando dos métodos, el efecto Doppler y el tránsito o eclipse parcial. Casi la mitad de esos exoplanetas han sido descubiertos por medio del telescopio espacial Kepler. Eso prueba que los sistemas planetarios son muy comunes, por lo que el número de planetas en el universo observable debe ser del orden de cuatrillones. Así que por improbable que sea la vida, hay un buen chance de que exista en muchos lugares del cosmos. 

Aquí es donde viene la reciente noticia que entusiasma a muchos: la detección por medio del telescopio espacial James Webb de la molécula Dimetilsulfuro (DMS) en la atmósfera del planeta hiceánico K2-18b a 124 años luz de distancia (eso es relativamente cerca). Un mundo “hiceánico” es un planeta con atmósfera de hidrógeno y océanos de agua líquida (la palabreja viene de hidrógeno y océano). En la Tierra el dimetilsulfuro es producido sólo por el fitoplancton, así que se le considera un biomarcador, aunque siempre cabe la posibilidad de que sea resultado de un proceso no biológico desconocido. Se necesitaría más de un indicio para afirmar con suficiente seguridad que hemos encontrado vida extraterrestre. Así que la investigación sobre este planeta K2-18b continuará ante la expectativa de científicos y ciudadanos en general.

Hay otros frentes en esta aventura, pero tienen que ver con algo más complejo que la mera vida: la existencia de civilizaciones tecnológicas no humanas. En esta línea de investigación se procura detectar señales en el espacio con características de producción artificial o encontrar en la Tierra evidencias de visitantes alienígenas en el presente o en el pasado. En esta última opción abundan los charlatanes y los falsos positivos, sin que hasta ahora se haya encontrado evidencia contundente alguna. En la primera opción sí predomina la investigación seria, como el famoso el proyecto SETI que se desarrollaba en el desaparecido Observatorio de Arecibo (ver columna). Sobre eso me sucedió una anécdota: cuando llegué a Puerto Rico y dije en la aduana que iba para el Observatorio de Arecibo, el funcionario sonrió y me dijo con sorna: “ah, viene a hablar con los extraterrestres”.

La vida es un fenómeno natural y así como surgió en la Tierra puede haberse generado en otros planetas, quizás con algunas variantes, por ejemplo con otra selección de aminoácidos. Su proceso de formación en la Tierra joven sigue siendo investigado y cada vez estamos más cerca de la respuesta. La hipótesis más fuerte es que se originó en inmediaciones de las fumarolas alcalinas en el fondo del océano. Si el lector quiere conocer más al respecto lo invito a leer en mi blog La mirada del Búho, la entrada sobre el origen de la vida. 

Coletilla: desde esta columna El Unicornio felicita a la física colombiana Paola Pinilla, ganadora del premio Breakthrough por un trabajo en equipo sobre un tema relacionado con esta columna: la formación de sistemas planetarios.

 

 Jorge Senior

 

 

 

     

 

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